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¡Por las madres que también son padres!

¡Por las madres que también son padres!

Tomado de El Tiempo

Desde muy niño soñé con ser padre. Recuerdo que imaginaba tener una casa grande, una especie de finca paisa donde mis hijos, mis nietos y mascotas corrieran y jugaran libremente. Creo que quería replicar la casa de mis abuelos (14 hijos, 33 nietos, 31 bisnietos). Hoy tengo 36 años y la vida me ha concedido el hermoso privilegio y la gran responsabilidad de ser el padre de dos pequeños que día a día llenan mi vida de amor y ternura. 

Olivia es rápida, metódica y muy consentida. Maxi es alegre, recursivo y ordenado. Es un verdadero placer llegar a la casa a leerles historias, darles la comida, rezar oraciones cortas, ponerlos en la cama y verlos lentamente cerrar sus ojitos hasta caer fundidos en un sueño profundo que, para Olivia, normalmente dura hasta las 3 a.m.

Hay una canción de Miguel A. Robles que se llama ‘Viuda a los 20 años’ y cuenta la historia de una humilde mujer que saca adelante a sus tres hijos siendo madre y padre a la vez. Cuando la escucho pienso en mi madre, quien, aunque no fue viuda, si le tocó trabajar de sol a sol para ser el motor de mi familia y llevarnos el sustento diario. Mi madre siempre nos insistió a mis hermanos y a mí, que la educación era lo único que nos haría ciudadanos libres e independientes, no necesariamente ricos. 

Martha, mi madre, y para quien escribo estas líneas, fue para mí padre y madre a la vez. Ella se enfrentó a los brabucones de mi colegio cuando me maltrataban por ser más débil. Ella vendió la pequeña nevera que teníamos en la casa para poder llevarme a un buen médico en la ciudad y que no muriera por falta de atención en el precario hospital del alejado pueblo donde vivíamos. Mi madre pasó derecho muchas veces ayudándonos a mis hermanos y a mí con los trabajos del colegio para que sacáramos buenas notas. Mi madre nos habló de Dios y nos inculcó los principios cristianos de ‘no hacer a otro lo que no quieras que te hagan a ti’ y ‘haz el bien y no mires a quien’. Ella me acompañó a las clases de fútbol y se puso la camiseta de mi equipo favorito. También me habló sin tabúes del sexo y sus placeres y peligros. Mi madre me protegió como una dragona cuando esos que juzgan sin razón quisieron menospreciarme. 

Colombia es una paradoja, porque aun cuando sigue siendo un país machista, donde el hombre manda y la mujer calla y obedece, en la vida cotidiana de todos los estratos la madre es tan versátil que va desde ser la gerente de la casa, pasando por médica de cabecera, institutriz, psicóloga, consejera espiritual y, además, todo lo que gana en el trabajo está destinado a la casa. 

Heroínas hay, y también héroes. Los hombres nos estamos empoderando cada vez más de nuestro rol de padres, y no sólo desde el punto de vista económico, sino también desde lo práctico y lo emocional. 

En el día del padre exalto la labor de los hombres modernos que sin ningún prejuicio se ponen el delantal para cambiar pañales, para cocinarles a sus hijos y se ponen también el uniforme de enfermeros para curar fiebres, mientras son a su vez ejecutivos y trabajadores exitosos. Pero, principalmente, también reconocer el arduo trabajo de todas esas madres que, como la mía, también han sido padres por obligación, por elección o por tradición.

Fernando Merchán Ramos
Director de la ONG Adelante Colombia

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Publicado el

10 agosto, 2019

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